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Cómo cambiar un hábito

Escrito por: Serge Kahili King
Traducido por Lic. Eugenia Lerner

 

Cuando hablo de hábitos, me refiero tanto a los patrones de conducta personal, como a los patrones de relación y a las circunstancias repetitivas. No digo con ello que alguien necesariamente crea todos estos patrones.

Digo, más bien, que dichos patrones no se repiten solos, sin nuestra ayuda. La solución por lo tanto, no es culpar a los demás, a la suerte o al destino. La solución es cambiar nuestra propia conducta de alguna manera. Lo que nos lleva al primer punto.

El factor más importante para cambiar algún tipo de hábito es la motivación. La motivación es algo que no se comprende muy bien, porque incluye dos conceptos diferentes, pero relacionados, conceptos que son igualmente vitales para cambiar un hábito eficazmente.

El primer concepto es el deseo. Para cambiar un hábito, tienes que querer algo diferente a lo que tienes. Esto generalmente se llama un "motivo", una razón para hacer un cambio. Lo más común es el deseo de alejarse de algún tipo de dolor.

Esta forma de deseo es la más débil, debido a que se necesita mucha más energía para alejarse de algo que para acercarse a algo. Explicaré esto un poco más adelante. Por ahora, ten en cuenta, que estar motivado a algo tiene más poder e implica menos esfuerzo, que estar motivado en contra de algo.

Parto del supuesto de que quieres cambiar un hábito o una situación habitual. Así que piensa en lo que te gustaría tener en lugar de lo que tienes, y luego en los beneficios que depara aquello que te gustaría, y es eso! Ahí lo tienes! Tu motivo!

Sin embargo, esto es sólo la primera mitad de la primera parte. La segunda mitad de la primer parte viene del otro aspecto de la motivación: la acción. No importa cuán positivo o valioso sea el motivo, nada cambia si no accionamos.

Si deseas dejar de fumar, tienes que hacer todo lo que te ayude a dejar de fumar, y luego, en algún momento, realmente dejar de hacerlo. Si deseas mejorar tus relaciones, tienes que aprender a relacionarte mejor y actuar en consecuencia.

Si no ser exitoso fuera un hábito, entonces tendrías que aprender todo lo posible acerca de las personas que tienen éxito, y hacer algo parecido, con tu propia modalidad. Lo mismo ocurre con la infelicidad, si fuera un hábito. Estudia y practica lo que hace la gente feliz.

 Ahora hemos llegado a la parte realmente difícil: accionar. Los hábitos, incluso los malos, resultan cómodos, ya que son fáciles de hacer y deparan pocas sorpresas. Los nuevos hábitos tienden a ser incómodos, porque lleva tiempo desempeñarlos con habilidad y por lo general traen un montón de sorpresas.

Por cierto, para beneficio de cualquier persona que todavía no lo sabe, uno no puede deshacerse de los malos hábitos. Sólo podemos cambiarlos por hábitos nuevos. Los fumadores aprenden a ser no fumadores. La gente poco exitosa aprende a tener éxito. La gente infeliz aprender a ser feliz.

Es el momento de echar un vistazo a lo que se necesita para cambiar un hábito, una vez que ya sabemos lo que queremos y se ha iniciado el proceso. El siguiente paso es la concentración. Necesitas practicar la nueva forma de pensar, sentir y actuar hasta convertirla en algo habitual.

Algo que nos ayuda respecto de la concentración es que el deseo de cambiar sea fuerte. ¿Cuánto quieres realmente los beneficios ligados al cambio? Si descubres que los beneficios de no cambiar superan a los beneficios de cambiar, para ti al menos, nada de lo que pruebes funcionará.

Puedes aumentar el nivel del deseo -y por lo tanto de la concentración- imaginando los beneficios en forma detallada y permitiendo que surja la excitación que viene con ello. También puedes recordarte a ti mismo estos beneficios de otras maneras, todas las que te sean posibles, ya que son fáciles de olvidar en medio de los viejos hábitos o bajo estrés.

Después de la motivación y de la concentración, el tercer aspecto es la confianza. Esto significa no permitir que la duda te frene o que te lleve a rendirte. Ello no quiere decir estar completamente libre de dudas. Incluso Superman tiene sus dudas. Tener dudas no es el problema.

Que sea un problema depende de lo que hagas con ellas cuando aparecen. Mucha gente las toma como una señal de fracaso, cuando sólo son una señal de que iniciaste un cambio. Les quitas poder cuando las ignoras, las dejas ir o las sustituyes.

¿Con qué las reemplazas? Con palabras positivas (como afirmaciones fuertes, decisiones o instrucciones que te das a ti mismo), con imágenes positivas (de los beneficios, o de cómo serás cuando tengas los nuevos hábitos), y sentimientos positivos (basados en buenos recuerdos y buenas expectativas).

Otra cosa excelente que ayuda a debilitar las dudas es el aprecio por uno mismo. Bríndate reconocimiento positivo por cada pequeño paso adelante e ignora o declara poco importante cualquier retroceso. Dale a los pequeños pasos hacia delante la misma importancia que a los pasos gigantes. Como dijo una vez un viejo sabio: si quieres cambiar tu vida, tienes que cambiar tu vida.

 

 

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